Transcripción de lo expuesto en la columna cuyo video está aquí a disposición.
"Ignominia: ese
es el término que considero más acertado para definir lo que lastimosamente
pudimos observar desde los aparatos de televisión de la mayor parte de Brasil y
de nuestra ciudad de Rivera hace pocos días.
Según el diccionario de la Real Academia Española, el término ignominia
define un estado de afrenta pública. Y
si esto es así, ¿de qué otra manera podríamos llamar a lo observado el pasado
domingo? Si bien es cierto la opinión
pública respecto a la situación que se vive en el vecino país estuvo dividida
en dos mitades, y eso hay que decirlo sin fanatismos, fue así, aunque a los que
defendemos el gobierno de Dilma nos duela, luego de la sesión de la cámara de
diputados brasileña que definió la apertura del camino para el proceso de
destitución de la Presidente, algo ha cambiado.
Y no era para menos; el bochorno
que fue aquella sesión, con actos patoteriles de indignos representantes que
más se parecían a una barrabrava organizada de Flamengo o de Palmeiras,
gritándole al oído a aquellos que no acompañaban el voto por el SÍ, mientras
ovacionaban desforadamente a quienquiera que fuera que votara por esa opción,
no importando sus antecedentes criminales o el contenido de sus vergonzosos y
vergonzantes discursos.
Allí pudimos
ser testigos de las ridículas expresiones de una Diputada que, poniendo como
ejemplo de buena gestión a su esposo, Prefeito de la ciudad de Montes Claros en
el estado de Minas Gerais, daba histéricos saltitos mientras también
histéricamente gritaba repitiendo una y otra vez si, si si si. Lo que no nos esperábamos en ese entonces,
era que pocas horas después, el vanagloriado esposo de la Diputada terminaría
tras las rejas por desviar fondos de hospitales públicos, para beneficiar un
hospital privado, casualmente gerenciado por la familia de tan “honorables”
ciudadanos.
Pudimos
observar innumerables expresiones de repudio a quien conducía la sesión, el Diputado
Eduardo Cunha, reo de la justicia brasileña, que insólitamente se ha
transformado en pieza clave de la oposición para hacer el trabajo sucio de
lograr el ansiado fin de terminar con el gobierno Dilma. Fueron muchos los legisladores que le
espetaron epítetos tales como ladrón, corrupto, indigno y otros más, sin que
Cunha se inmutara.
Vimos
cosas tales como por ejemplo a un ridículo personaje como el mal payaso y peor
cantante Tiririca, mostrarse como aún peor diputado, al haber confirmado horas
antes que votaría no, para al momento de emitir el voto, decir “por el Brasil,
mi voto es sí”.
Vimos
escupitajos, vimos groserías de todo tipo, pero la frutilla de la torta fue ver
algo que con sinceridad no imaginé que podría ver en mi vida: el voto de un
diputado electo en un sistema democrático, hacer una verdadera apología de un
golpe militar y peor que eso, ser ovacionado por unos cuantos; ciertamente, más que los que lo
abuchearon. Escuchar a Jair Bolsonaro
felicitar al corrupto presidente de la cámara Eduardo Cunha, recordar a los
militares de 1964 y dedicar su voto a aquel que en su momento fuera responsable
por la tortura de la actual Presidente, fue de una bajeza, de una inmoralidad,
de una afrenta a la condición de “humano” que debiera poseer cualquier hombre,
que bien mereció un escupitajo que infelizmente no llegó a destino. Es más, en un país que se supone serio,
merecería un proceso judicial.
Todas
estas cosas que mencioné, no son lo más grave entre todo lo que pudimos ver ese
día; creo que lo que más nos queda en la
memoria es la convicción de ver un nivel intelectual, político y moral,
paupérrimo en buena parte de la clase política brasileña. Porque en todo momento primó el evidente
revanchismo, el odio, la protección de los intereses corporativos y personales
y en ningún momento se puso sobre el tapete la verdadera razón que impulsó el
proceso de impeachment, que es que fue la única forma de hacerse del poder, por
parte de una clase dominante que no lo logra a través del voto popular. Hubo algunos, muy pocos, infelizmente, votos
por el SÍ, que a pesar de no
compartirlos, los entiendo. Son aquellos
que en su argumentación decían considerar que era la única alternativa de
pacificar el país y que luego irían por la cabeza de Cunha y sus secuaces.
Es una
verdadera pena que la enorme mayoría de las fundamentaciones, las hayan hecho
en honor a las esposas, hijos, madres, futuros hijos, dictadores, torturadores,
etc. pero bueno, no podríamos esperar
otra cosa, viniendo de un parlamento que tiene buena parte de sus integrantes,
involucrados en actos de corrupción, a diferencia de lo que sucede con la Presidente.
La
excusa, lo que los brasileños denominan “pedaladas fiscales”, que no son otra
cosa que prácticas tan viejas y tan usadas en todos los ámbitos
administrativos, que a nadie llama la atención.
En nuestro país, la transposición de rubros es moneda corriente. Se podrá decir que en Uruguay no es
delito. Pues bien, entonces tomemos como
ejemplo lo sucedido en buena parte de los estados brasileños, o las
prefeituras, donde esa práctica es moneda corriente y no por ello se procede a
terminar anticipadamente con sus gobiernos.
Ahora
vendrán tiempos difíciles. Si bien es
cierto falta la instancia en el Senado, la cosa, políticamente parece
juzgada. Aunque a nivel de la población
es evidente que ya las opiniones no están tan parejas. Estoy seguro que si se hiciera una encuesta
seria, hoy la opinión sería bastante más favorable a nivel de la población,
para la opción de la permanencia de Dilma en el poder. Y aún más, luego de conocerse que en este
juego del toma y daca, ya hay negociaciones que incluirían un pedido de
amnistía para Cunha en el caso de que el actual vicepresidente Temer, llegue
finalmente a la presidencia. Sería un
nuevo y asqueante hecho en esta tan sucia situación en la que infelizmente
somos meros testigos.
De todo
esto nos queda, como uruguayos, reconocer que en nuestro país, aún en las
peores diferencias, este tipo de bajezas no parece posible que se puedan
ver. Consuelo del tonto, se podría
decir; y sí, hasta podríamos llamarlo así.
Pero comparándonos con el sistema político brasileño, es bueno decir que
es un alivio ser uruguayo".