El Ministerio de Transporte y Obras Públicas del Uruguay anunció que este mes de diciembre de 2018, se reinstalará el servicio de transporte de pasajeros por tren entre Rivera y Paso de los Toros.
Luego de algunas
décadas sin que las locomotoras transportaran personas, sumiendo a varios
centros poblados en el ostracismo, la noticia llenó de júbilo a moradores de
esas localidades.
Aprovechando la
buena nueva, El Biombo de la Abuela se dispuso a visitar el único túnel
ferroviario existente en nuestro país, que está ubicado justamente en este
tramo de vía.
Más precisamente
en el km. 466 de la vía férrea que une Montevideo con Rivera, entre las
estaciones Bañado de Rocha y Paso del Cerro, está ubicado este que bien merecería
ser considerado un monumento histórico.
Para acceder al
lugar, se debe arribar por ruta nacional Nº 5 hasta la entrada de tierra que
deriva a la estación Laureles, aproximadamente en el Km. 407 de esa ruta. Luego de tres quilómetros de un camino en no
muy buenas condiciones, pero transitable sin mayores dificultades, el camino se
bifurca. Se debe tomar el camino de la derecha y a aproximadamente 800 metros
se cruza la vía férrea. Allí es
conveniente dejar al costado del camino el vehículo en el que se haya arribado
al lugar, y caminar unos 600 metros hacia el norte por la vía. Luego de dos curvas, se divisa una de las
bocas del túnel.
El interior del
mismo se encuentra en muy buenas condiciones de limpieza, cosa que llama la
atención, sobre todo si tenemos en cuenta la inactividad que tiene esa vía. La extensión
del túnel es de no más de 200 metros, cuyo trayecto es en curva, por lo que en
algún momento, la oscuridad es apreciable, aunque en ningún momento es
absoluta. Cuando aún se tiene la luz de
uno de los lados, ya se comienza a observar la claridad entrante por el otro
extremo.
Cada tanto, se
percibe el vuelo de algún que otro murciélago, cosa más que obvia en un lugar
donde predomina la humedad y la oscuridad.
También es de
destacar los escaparates que a cada tantos metros se adentran en las paredes
laterales, para permitir a los funcionarios ferroviarios y a los ocasionales
visitantes, refugiarse mientras pasa algún convoy.
Al regreso nos
encontramos con dos señoras tacuaremboenses, que no disimulaban su amor por el
lugar y el beneplácito por la noticia del inminente restablecimiento del
servicio de pasajeros.
En definitiva,
un paseo recomendable para quienes deseen conocer un lugar al que habitualmente
no se accede, por no encontrarse junto a una ruta nacional. Vale la pena visitarlo.