Tres años atrás, contábamos en estas mismas páginas, la historia del naufragio del "Arinos", frente a las costas de Aguas Dulces. Ahora volvemos con uno más, de los muchos naufragios en estas turbulentas aguas oceánicas que bañan el departamento esteño. El 4 de marzo de 1969, el buque carguero de bandera brasileña “Cocal” se sumaba a la larga lista de naufragios en las costas oceánicas del departamento de Rocha. Se trata de uno de los más recientes de ese tipo de insucesos en esta zona y al mismo tiempo, de los más misteriosos, a menos que se le de crédito a versiones que veteranos castillenses suelen comentar. Según éstas, tripulantes de la embarcación, luego del accidente decidieron radicarse en la ciudad de Castillos, la ciudad más próxima al sitio del naufragio. Allí, dicen que se les solía comentar de sus más que fundadas sospechas de que el accidente no hubiera sido tal, sino que habría sido ocasionado de manera deliberada. Sus dichos referían a que el capitán del buque habría advertido a la tripulación que tomara colchones y se arrojaran al suelo sobre ellos, mientras enderezaba la proa del “Cocal” directo a la costa. No parece demasiado descabellada esa versión, habida cuenta de lo poco accidentada que resulta la costa oceánica precisamente en ese lugar, a diferencia de lo que sucede en proximidades del Cabo Polonio, por ejemplo, donde las rocas son moneda más que corriente y que ocasionaran varias zozobras. Aquí, eso no sucede.
Una vez concluida la guerra, fue adquirido en
1951 por un banquero noruego de apellido Bodtker y una vez más rebautizado; en
esta ocasión con el nombre “Ocean Swell”.
Dos años después, Bodtker se desprendería del
barco, vendiéndolo a la empresa brasileña “Catarinense”, la que le bautizó por
última vez, con el definitivo nombre “Cocal”.
Hoy, a casi 49 años de su último viaje,
quedan pocos elementos que recuerden que sus restos correspondieron a un barco
con tanta historia y de tan importante porte, ya que el Cocal medía casi 80
metros de eslora (casi una cuadra de largo).
Esperemos que no sean necesarios otros tres años, para contar alguna otra historia de estos siniestros marítimos en nuestras costas.
Esperemos que no sean necesarios otros tres años, para contar alguna otra historia de estos siniestros marítimos en nuestras costas.
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