Al momento
de hacer esta columna, todo indica que a pesar de la remontada de los últimos
momentos que nos hiciera ilusionar a los frenteamplistas, Luis Lacalle Pou será
el Presidente de la República a partir del 1º de marzo próximo.
Sin embargo,
el sabor de este resultado, no es el mismo que supuse que tendría hasta hace
pocas horas. Si me guío por los
indicadores de las empresas medidoras de opinión pública, debo decir que hasta
las 20:30 de este domingo 24, una eventual derrota sería tomada con mucha
desazón por mi parte y por parte de la enorme mayoría del pueblo
frenteamplista. No estoy feliz, ni mucho
menos. Pero siento un enorme
alivio. Pienso que este pueblo uruguayo
ha demostrado, tal como dije hace pocos días, que a diferencia de las infelices
expresiones del dirigente nacionalista Juan Andrés Ramírez hijo, confía en este
sistema electoral. No escuché a nadie
que dijera que una diferencia tan exigua como la que se observa, obedezca a un
intento de fraude. Ramírez, que hace sus
primeras armas en política, cae en un grosero off side, que ciertamente le hace
ver mal por sus propios correligionarios.
Ni que
hablar de la satisfacción y alivio que tengo, al ver que el video del General
Manini y el editorial del Centro Militar merecieron un profundo rechazo por
parte de la ciudadanía. Alivio, porque
más allá que los politólogos o dirigentes de la oposición no lo quieran
reconocer abiertamente, queda muy claro que la ciudadanía rechazó enérgicamente
y en las urnas, los exabruptos proferidos por unos carcamanes que ningún favor
le hacen ni a la institución militar, ni a la institucionalidad, ni menos aún
al país.
Una eventual
derrota en estas condiciones, abre la posibilidad de que habiendo dejado una
imagen muy positiva, avalada por casi la mitad de los uruguayos, en cinco años
posibilitará el regreso al poder de nuestro Frente Amplio.
Para ese
entonces, deberemos haber lamido nuestras heridas, hecho la inevitable autocrítica
y proponernos hacer cosas que nos quedaron en el tintero, sea por la razón que
fuera.
A medida
que hablo, los números siguen siendo favorables al candidato opositor y ya se
confirma en este momento, que no conoceremos oficialmente el nombre del futuro
presidente hasta el viernes.
Pero lo
que no necesita espera alguna, es el orgullo de ser integrante de esta fuerza
constructora, como decía el gran General Seregni, el General del Pueblo. Ser
integrante del mayor partido político del país desde hace muchos años. Ser integrante del partido que en solitario,
contra siete u ocho partidos que desde hace un mes gritaban “que se van, se van”,
y que les tiene hasta este momento con las banderas bajas, quietas,
expectantes, muy lejos de la euforia que creían podrían tener.
Y creo
que la soberbia que demostraron durante las últimas semanas, deberá dar paso a
un necesario cambio de actitud, porque no creo que se atrevan a gobernar de
espaldas a la mitad de la ciudadanía.
¡Arriba,
Compañeros! Ahora vamos por las elecciones departamentales, mientras preparamos
la estrategia para el 2024.
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