Sepan disculpar las imperfecciones. Salió sin ensayo ninguno.
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Y bueno…finalmente llegó nomás. No es que me preocupara, ni mucho menos, pero
no es secreto para nadie que el aniversario Nº 50, el medio siglo de vida,
constituye algo así como un marco en la existencia de cada uno de
nosotros. Algo así como un mojón. Un antes y un después. Un número que
metafórica y engañosamente se nos impone como siendo el punto medio de nuestra
vida, cuando en realidad, quienes aquí llegamos, sabemos que hace rato estamos jugando
el segundo tiempo. Y acá llegando, se
impone hacer un balance de lo que ha sido nuestro paso por el planeta hasta
este momento, a la vez que debemos comenzar a prepararnos para lo que el de
arriba, indefectiblemente dispondrá para nosotros.
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Es así,
que quiero empezar parafraseando a Violeta Parra con aquello de “gracias a la
vida, que me ha dado tanto”. Lo he hablado
en los últimos días con mi familia y coincidimos en decir que realmente puedo
considerarme un hombre feliz. Nacido en
un hogar compuesto por un matrimonio bien constituido, donde el respeto mutuo
siempre primó, tengo la dicha de tener dos hermanos y una hermana que son todo
lo que cualquier persona puede querer.
Por supuesto no somos iguales ni jamás pretendí que lo fuéramos, pero a
pesar de algunas pequeñas diferencias que a menudo afloran, cualquiera de
nosotros se haría matar por el otro. Y ni que hablar por el viejo Marengo,
nuestro padre, que desde sus 95 años es el referente que todo hijo quisiera
tener y se enorgullece de reverenciar.
Ya hace cinco
años y pico que se nos fue mamá, dejándonos el ejemplo de una mujer dedicada al
hogar y a su familia, que junto con papá, supieron darnos a los cuatro hijos,
la educación que ellos no tuvieron la oportunidad de tener. Es así que hoy, los cuatro somos personas
reconocidas y apreciadas en los respectivos ámbitos en los que nos
movemos. El mayor, en la música y la
actividad gremial; quien le sigue, en la faz profesional y empresarial; la
única mujer entre los cuatro, una destacada magistrado del Poder Judicial; y
yo, como trabajador de la industria gráfica y permanentemente actuando social y
políticamente junto a la comunidad. Mis dos
hermanos mayores me han dado 4 sobrinos, 3 mujeres y un varón, que son motivo
de orgullo para este tío. A su vez, éstos han hecho posible que hoy tenga la dicha
de ser tío-abuelo de 7 adorables sobrinos-nietos.
La vida
no me ha sido fácil si tengo que referirme a lo estrictamente financiero; tampoco lo es ahora y dista muchísimo de
serlo. Pero para sobrellevar los
avatares en esa área y todo el sostén imprescindible para salir airoso de las
difíciles situaciones que me han tocado y me tocan vivir, desde hace 31 años
cuento a mi lado con aquella que comparte mi existencia desde 1982. Mi esposa, compañera, amiga, amante, socia y
sobre todo amada Yanil. Es con ella, con
quien hace 23 años supimos traer a este mundo a Mariana, el mejor de todos los
regalos que una pareja pudo pretender. La hija que todo padre quisiera
tener. En los momentos más difíciles de
la vida de Yanil y mía, cuando cinco años atrás por poco no debimos partir de ésta
para mejor vida, Mariana, con apenas 17 años, asumió como la mejor, las
responsabilidades del hogar ante la imposibilidad de hacerlo por parte de sus
padres. Aún así no descuidó sus estudios
y terminó la enseñanza media de manera satisfactoria. Ya hace 4 años no vive con nosotros, pues se
prepara para ser una profesional en poco tiempo más, pero el vínculo entre los
tres, continúa tan estrecho como siempre.
Esa circunstancia
que hace cinco años por poco no nos cuesta partir a reunir anticipadamente con
San Pedro, me dio la oportunidad de ver que cuento con pocos, pero los mejores
amigos. Ahí fue donde además de la
familia, aparecieron los Bequer, las Maite, las Mara, las Raquel, las Alba, los
Washington, etc., y junto con ellos apareció una sorpresa: la solidaridad de la
gente de mi barrio, que fue factor fundamental para nuestra subsistencia, pues
de lo contrario hubiéramos forzadamente “adelgazado” mucho. Allí quedó evidenciada la veracidad de todo lo que siempre se dice respecto del
espíritu solidario de los riverenses.
Esta reflexión
no estaría completa ni haría justicia, si no hiciera referencia a los cinco
años y pico que allá por la década de los 80’ me vieran recalando en la
República Argentina. País sobre el que
digo que suele ser injustamente estigmatizado por gran parte de la ciudadanía
uruguaya, pero que bien supo acogernos a tantos compatriotas, que en momentos
complicados de nuestras vidas, hacia allá debimos partir. Y le tengo que agradecer
sobremanera a ese país haberme regalado la posibilidad de conocer a mi amigo
del alma, Pedro, a quien he reencontrado
después de 15 años sin vernos, pero que desde el momento que se produjo ese
reencuentro, nos mantenemos permanentemente comunicados, incluso habiéndonos
visitado mutuamente el último año.
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Entre las
cosas más importantes que me han pasado en los últimos tiempos, obviamente pienso especialmente que hace dos años comenzó una etapa que se puede
considerar como tardía, pero que viene siendo muy gratificante: el regreso a
las salas de aula después de adulto. Y aquí
voy, transitando este camino. Por estos
tiempos, ya habiendo prácticamente culminado la mitad de la carrera de
profesorado de portugués y deseando en dos años más, cumplir con esa meta.
Si escribir
estas pocas líneas no fue para nada difícil, pues intenté hacerlo con la mayor
soltura posible para que realmente aflorara lo que se me venía a la mente, sin
buscar términos académicos ni mucho menos, ahora puedo decir que todo lo que
escribí, acaba de verse plasmado apenas un rato atrás. Cuarenta y ocho horas antes de la fecha de mi
cumpleaños, con la excusa de acompañar a mi hermana a “comer unos choricitos
que a papá se le antojó hacer”, entré como un caballo. Me tenían preparada toda una fiesta sorpresa a
la que no faltó nadie. Y yo, que no ando
con vueltas para emocionarme, debí recurrir a alguna que otra servilleta para secarme las lágrimas.
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Termino entonces
esta breve reflexión, de la misma manera que la empecé: agradeciendo a la vida
por la oportunidad de vivirla. De ser lo
que quiero ser y tener todo lo que para mí realmente importa.
A todos quienes
la hicieron y hacen posible, como habrán podido ver, soy agradecido, así que
vayan a todos ustedes mis ¡¡¡muchas,
muchas gracias!!!
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